
Lanús: cuatro generaciones en la misma esquina
Nicolás Pascual Salerno
En la esquina de Illia y Oncativo, en Lanús Este, un cartel resume una historia familiar que atraviesa más de un siglo: “110 años viviendo en esta esquina”. Detrás de esa frase, además de un lustro de desfase, están cuatro generaciones, varios comercios, una crisis económica, vecinos que ayudaron cuando hizo falta y una familia que decidió quedarse mientras el barrio cambiaba.
Todo comenzó el 28 de septiembre de 1911, cuando José y Hortensia Álvarez, inmigrantes gallegos, compraron la propiedad. Por entonces, Lanús todavía no era un partido independiente. En la casa instalaron un almacén que rápidamente se convirtió también en un punto de encuentro para los vecinos.
Su hijo Guillermo continuó la actividad comercial y llegó a tener una imprenta. La familia atravesó una época de prosperidad, pero después de varios problemas de salud y una disputa con un socio, la situación económica cambió y la casa quedó hipotecada.
Jorge, hijo de Guillermo, comenzó a trabajar a los 13 años. Fue cadete, mecánico y realizó distintos trabajos hasta que logró abrir su propio almacén en la misma propiedad. Lo atendió durante tres décadas.
Una esquina que también fue refugio
Con el tiempo, el comercio se convirtió en algo más que un lugar de compras. Jorge recuerda que dos chicas de la cuadra fueron atropelladas en distintas ocasiones y que él las llevó inmediatamente al hospital. También recuerda un incendio en una vivienda vecina: los habitantes de la cuadra formaron una cadena de baldes utilizando el agua de su pileta hasta controlar el fuego.
La relación con los vecinos también quedó marcada por una historia curiosa. Un hombre que le debía dinero a su padre y no tenía ninguna documentación que acreditara la deuda apareció años después para devolverlo. La familia necesitaba ese dinero y aquel gesto terminó ayudándola en un momento difícil. Mientras tanto, la siguiente generación crecía en la misma casa. Guillermo, hijo de Jorge, estudió como técnico electromecánico y en 1999 instaló allí un taller especializado en aire acondicionado y calefacción para vehículos.
La actividad comercial cambió varias veces: almacén, imprenta, taller y nuevamente almacén. Hoy continúa el taller, pero lo más singular permanece intacto: la familia sigue viviendo en la misma esquina.
Jorge colocó el cartel que dio origen a esta historia para dejar constancia de ese vínculo. En 2024, cuando llevaba 113 años en el lugar, ahora hace 2 años de esto, todavía podía recorrer las mismas calles que había transitado junto a su padre. También conserva su relación con el Club Atlético Lanús, del que es socio vitalicio. Recuerda especialmente los años en que el básquet tenía un fuerte protagonismo dentro de la institución.
El barrio cambió alrededor de ellos. Cambiaron los comercios, las casas y las formas de trabajar. La familia Álvarez, en cambio, permaneció en el mismo lugar, adaptando su actividad a cada época. Hoy, la cuarta generación continúa trabajando allí. Y aquella esquina adquirida en 1911 sigue siendo, al mismo tiempo, casa, lugar de trabajo y memoria familiar.






