Basura en Barracas: el otro paisaje de Buenos Aires

El recorrido nocturno permite observar, además, que no se trata de una única esquina. A lo largo de aproximadamente un kilómetro, la presencia de residuos alrededor de los contenedores se repite en distintos puntos. 
LA CALLE19 de septiembre de 2026Nicolás Pascual SalernoNicolás Pascual Salerno
Barracas Basura
 Basura en Isabel la Católica

Hay una forma de mirar una ciudad bajo la canción que, en la voz de Nacha Guevara, extraña a su ciudad. Habla de esas luces que hacen que brille más que el sol, de su aroma, su resplandor… su suciedad. Porque Buenos Aires puede ofrecer todo eso al mismo tiempo: una ciudad que deslumbra como Florencia cuando salen las estrellas, pero que no tiene comparación con los cielos de Pompeya, y que también muestra, cuando se la recorre, aquello que, aunque a Nacha le guste, la mayoría preferiríamos que no estuviera allí.

Un sábado a las 21, Isabel La Católica, en Barracas, ofrece justamente una de esas postales. Las calles iluminadas, los edificios, los árboles y el movimiento propio de un barrio porteño conviven con otra escena mucho menos luminosa: bolsas de residuos fuera de los contenedores, cartones, objetos abandonados y basura acumulada sobre las veredas.

En este breve recorrido, realizado a partir de notas anteriores en las que vecinos ya habían señalado situaciones similares, aparecen grandes contenedores donde puede leerse el mensaje: “SAQUEMOS LA BASURA 19 A 21 H”. La indicación busca ordenar el momento en que los residuos domiciliarios llegan a la calle. Pero basta recorrer unas cuadras para advertir que el horario, por sí solo, no alcanza para explicar lo que ocurre alrededor de los contenedores.

Hay bolsas en el piso, cajas abiertas, residuos dispersos y objetos que permanecen junto a los recipientes. En algunos casos, incluso cuando el contenedor no parece estar completamente ocupado, parte de la basura termina fuera de él. La pregunta, entonces, deja de ser solamente a qué hora se saca la basura. También aparece otra: qué sucede después con el espacio público que queda alrededor del contenedor.

Cuando el contenedor no alcanza para ordenar la vereda

Para quienes viven o trabajan en Barracas, la diferencia entre una vereda despejada y otra con residuos alrededor del contenedor no es solamente una cuestión visual. También afecta el paso de los peatones, especialmente en esquinas y sectores donde el espacio disponible ya es reducido, y contribuye a deteriorar la percepción general del entorno.

Y eso también tiene una dimensión comercial. En una zona donde conviven comercios, viviendas y talleres, el estado de la vereda forma parte del paisaje cotidiano de quienes trabajan y circulan por el barrio. Un frente limpio y transitable no es lo mismo que una esquina rodeada de bolsas, cartones y desperdicios.

Además, con la llegada de los meses más cálidos, los residuos expuestos durante horas pueden convertirse en un problema adicional por la presencia de insectos, animales y malos olores. Y cuando esos residuos terminan en los desagües o bocas de tormenta, aparece otra preocupación: la posibilidad de que la basura interfiera con el normal escurrimiento del agua de cara a las próximas tormentas .

El recorrido nocturno permite observar, además, que no se trata de una única esquina. A lo largo de aproximadamente un kilómetro, la presencia de residuos alrededor de los contenedores se repite en distintos puntos. Cambian las calles, cambian los edificios, cambian los negocios y cambian los recipientes. La postal, sin embargo, vuelve a aparecer.

En una ciudad como Buenos Aires, donde la actividad comercial y residencial continúa durante buena parte del día y la noche, el estado del espacio público termina siendo parte de la experiencia cotidiana. Para los vecinos significa caminar por calles más o menos despejadas. Para los comerciantes, supone convivir con un entorno que también forma parte de la imagen de su actividad.

Y entonces vuelve Nacha. Porque Buenos Aires puede tener sus luces, su brillo, su resplandor. Puede tener esa capacidad de hacer que una noche cualquiera parezca especial. Pero también tiene sus bolsas en la vereda, sus cartones, sus contenedores rodeados de residuos y esa suciedad que aparece cuando alguien decide mirar hacia abajo.

Perdón, Nacha, pero esta vez prefiero El Rastro antes que el Abasto.

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